Paseo por el pardo
Y llegamos a nuestro primer fin de semana en la casa compartida. Los días han transcurrido tranquilamente sin mucha más novedad que visitas al distrito financiero y largas tardes de paseo por el puerto y alrededores. Todo lo que llevamos visto de Sydney asienta la sensación de que es una ciudad muy bonita y moderna en la que se ha mimado especialmente el tema de la construcción e iluminación; y a pesar de que no es tan limpia como Tokio, a sus habitantes les gusta que todo reluzca y se vea beauuuutiful. Varios de sus barrios más antiguos aún denotan largas calles residenciales de pequeños edificios en los que viven familias que se conocen de pasadas generaciones… que pueden ser 3 ó 4 como mucho, los primeros colonos empezaron a llegar al continente en el año 1788. Parándose a pensarlo, es muy curioso cómo en tan “solo” 200 años se ha levantado de la nada una ciudad tan grande, moderna y bien preparada como ésta. Otra curiosidad es la extensión de la urbe, puesto que sus primeros habitantes se asentaron a orillas del mar han tenido que ir expendiéndola sortendo el agua como buenamente podían, lo que ha resultado en un núcleo urbano gigantesco y nuevamente muy chulo, ya que todos los barrios centrales gozan de considerables extensiones de agua con sus correspondientes paseos, barcos, puentes, etc, y los más orientales de mar y/o playa.
Estamos muy contentos con las compañeras de piso que tenemos, pero, admitámoslo, somos seres territoriales y como no hemos marcado nuestro territorio a lo El último superviviente (EUS de ahora en adelante), tememos compartir con ellas más tiempo del necesario para cualquier cosa. Por lo tanto ayer tocó día de excursión por cuenta propia para disfrutar de la naturaleza. Otra vez.
Nos acercamos a lo que aquí llaman las “Blue Mountains”, que nosotros creíamos era el equivalente madrileño a “El Pardo”, pero que realmente eran unos “Picos de Europa” a lo bestia. Fuimos a la aventura, con gafas de sol, chancletas y una sonrisa guiri nos plantamos en el punto de información. Una alegre viejecilla (con más energía que un colegio a las puertas de la fábrica de nocilla) nos indicó que podíamos hacer un paseo de 1h30m, 5h o uno de 3 días. Además nos intentó vender un plano de la zona por 3$. Como íbamos sin comida ni bebida optamos por el paseo de 5 horas.
Subidas, bajadas, miradores en escarpados acantilados, cataratas y jungla con bichos y ruidos por todos lados. No me entretendré en los detalles, ya que básicamente todo fue andar hasta la saciedad y disfrutar del entorno (todo verde) y esas cosas son siempre aburridas de leer. Como no podía ser de otra forma, nos perdimos un par de veces y encontramos a EUS en un cruce del camino, estaba liándola con Tarzán.
La cena fue un mini-homenaje en un restaurante koreano en el que nos pusimos morados con un maki muy rico (entre otras cosas) que nos lo habíamos ganado. Cuando llegamos a casa nos encontramos con varias botellas de blanco vacío y una vela consumiéndose en el salón (tenemos nuestras apuestas sobre el hombre del cable que venía esa mañana y el primo lejano del que tanto habla). Grandísimo timing para la escapada.























