Oigo tambores de guerra
Oigo tambores, se acerca Esparta…
Poco más de 9 semanas viviendo en Australia… casi dos meses y medio… se dice rápido. Mirando hacia atrás no sólo ha pasado mucho tiempo, sino que hemos vivido muchísimas cosas. Empezando por el capítulo de Perth, ciudad sobre la que podemos escribir un libro entero de adjetivos calificativos diferentes, hasta el más reciente fin de año en Sydney, uno de los ejes centrales sobre los que orientamos el viaje.
Las dos cosas que más me han llamado la atención sobre el país es que es demasiado grande y nuevo.
Lo de que es grande no debería sorprender a nadie, quizá sí lo haga el hecho de que están tratando de frenar la inmigración a marchas forzadas porque ya están “llenos”, a pesar de tener una población inferior al 50% de la de España (clara referencia al problema que tienen con el agua). Dejando a un lado el hecho de que la vida, ciudades y pueblos se congregen principalmente junto a la costa, casi todas las construcciones humanas tienden a expandirse abusivamente a lo ancho en vez de a lo alto, lo cual resulta en unas ciudades radicalmente distintas a las nuestras, a excepción de los centrales distritos comerciales de Sydney, Melbourne y Perth. Y por otro lado, el tiempo necesario para cualquier desplazamiento hace que el coche quede relegado a un segundo plano cuando se refiere a coger vacaciones dentro del país, o resignarte a estar enlatado durante horas en la carretera. Por el contrario, la gran ventaja que tienen es que, dentro del mismo país poseen una gran diversidad de casi todo lo que te puedas imaginar: gentes, paisajes, flora, fauna, mentalidades, edificios, tendencias culturales, decoraciones… Y Sydney es una ciudad muy muy bonita, 3º candidata para vivir tras Madrid y quizá Barcelona… aunque corres el riesgo de acabar en cualquier otra urbe y morirte del asco…
Y lo de que es demasiado nuevo no deja de ser anecdótico, estamos hablando de una historia que se limita a 220 años… exceptuando a los aborígenes que dejamos fuera del cuadro porque no vienen a pintar mucho en la historia del país, por lo menos en lo referido a lo que los colonos les dejaron. Es increible el crecimiento de las grandes ciudades en tan solo dos siglos; aún “huele” a nuevo, y hay muchísimas cosas orientadas a resolver problemas que se han ido haciendo patentes en los ultimos siglos, logrando dar una buena sensación de previsión y “mentes pensantes” en el país.
Dejo a un lado todo lo relativo a animales exóticos, deportes de riesgo y peligros puesto que, a pesar de todo, todo eso está bastante limitados a zonas concretas: Australia puede ser muy peligrosa si no sabes dónde te metes o no has tomado las precauciones adecuadas… teniendo un poco de cuidado es tan seguro como cualquier otro país civilizado.
Las gentes que lo habitan, sus costumbres, formas de tomarse la vida, etc en general vuelven a ser dignos de mención… hasta el momento (y quedan horas para salir de aquí) no hemos tenido ni un solo problema con nadie, antes al contrario, sólo hemos visto gente deseosa de ayudarnos y muy cercana, sobretodo entre ellos mismos aunque sean desconocidos. Han sabido integrar (o por lo menos aceptar, no he llegado a ver mucho más allá en este aspecto) a todos los inmigrantes orientales sin importar su procedencia, así como su cultura, y compartir su vida con ellos. El nivel de criminalidad es muy muy muy bajo (esto sería el paraiso para los vividores y caraduras europeos) y se vive relativamente tranquilo y despacio, si te alejas de Sydney y Melbourne. Solo he acabado un poco harto de todos los turistas jovenzuelos extranjeros (especialmente franceses e italianos, ¡por todos lados!), pero supongo que vendrá definido en parte por la experiencia backpaker…
En definitiva, he sentido que Australia siente celos de Europapor tanta cultura, diversidad e historia concentrada en tan poco espacio; y Europa está celosa de Australia por todo el espacio y experiencias que ofrece algo joven y novedoso. Vamos, como siempre.
Un último adiós. Sabiendo que los espartanos están enlatados afilando sus armas en un avión a saber dónde, nosotros decimos adiós a Sydney.
Creo que no hay mejor forma que ir a Coogee a pasar el día.
Coogee es el parque temático de los vigilantes de la playa. Es gratis y fácil. Tú te sientas en la orilla y cuando tienes calor te echas al mar, mientras disfrutas de las grandes vistas. Como de un capítulo de los vigilantes de la playa se tratase, salen y entran del mar mujeres con pequeños bañadores, grandes curvas y pequeñas cinturas. En cámara lenta. Cámara superlenta. Te sonríen y siguen a lo suyo. Tú, sólo tienes que disfrutar.
pd: Hoy echo de menos un brrbrbrbrbrbr de Juan.
pd2: Huelo la colonia del Dandy sobre mi nuca, que Dios nos coja confesados…
Tras el día de Navidad, no contentos con haber visitado toda la costa sureste del país, decidimos apuntarnos a un viaje por el norte de Sydney con nuestras compañeras de piso. El destino final era Byron Bay, pequeño pueblo a 800 kilómetros de distancia por la costa; el plan era ir visitando a amigos de Merelyn durante el trayecto que nos darían cobijo, comida y con un poco de suerte entretenimiento.
En esta ocasión utilizamos su Saab, antigualla con casi 200.000 km y 20 años a sus espaldas, por lo que las probabilidades de sobrevivir eran más bien escasas. Por tanto, con ánimo y esmero a lo español nos subimos al trasto y dejamos la ciudad atrás. La primera parada la hicimos en una pequeña villa cuyo nombre ni necesito ni quiero acordarme, era el pueblo de Philip LeGrande.
Tras una estupenda noche en la que devoramos y bebimos un montón de comida, nos levantamos para ir a despejarnos con un baño matutino en un mar revuelto, frío, desierto. El desayuno de los campeones (consistente en un plato combinado con no menos de 5 alimentos hechos en la barbacoa) y otra vez en camino. Seguimos recorriendo la carretera, sus pueblos y playas, aunque en esta ocasión el tiempo no acompañó y tuvimos que verlo todo desde la barrera. Otra parada para dormir y conocer gente en Port Macquarie, aburridísima ciudad en la que los bares cierran a las 00:00, el servicio de habitaciones no sirve a partir de las 00:30 y los moteles tienen cámaras escondidas en los baños (o eso cuenta la leyenda).

Unos cuantos kilómetros más, unas cuantas playas más, unos cuántos amigos más y unas cuantas experiencias más…
…y acabamos aterrizando en Byron Bay, conjunto de coloridas calles y principal destino de vacaciones de los habitantes de Sydney. Media ciudad está llena de hombres y mujeres de casi todas las edades entrenando (corriendo, pedalenado en bicicleta o haciendo surfing), punto álgido del culto al cuerpo que tienen en Nueva Gales del Sur. La otra media está llena de caravanas y hippies disfrutando de la vida, mercadillos y tiendas de hamburguesas, nachos y pizzerias. Curiosa mezcolanza que la convierte en un interesante destino si alguna vez os dejáis caer por aquí, el ambiente que resulta de todo ello es estupendo.
Y por último, antes de volver, pasamos por el punto más occidental de la isla: el faro nubloso. Chulo, ¿eh?
Hace ya casi 4 semanas amaneció soleado en Hunters Hill, y con la energía que el sol de la mañana nos metió en el cuerpo, Tico y yo decidimos darnos un paseico por la costa. Como desde entonces hemos estado bastante liados, no hemos tenido ocasión de explayarnos con fruición acerca de todo lo que encontramos durante el periplo, así que allá va el resumen escrito de “T&R Hit The Road – Director´s Cut And Chocolate Syrup” .
El viaje comenzó un sabado por la mañana, “No birds” fue la empresa encargada de proporcionarnos el querido Toyota Corolla que nos protegió de todo mal (canguros) que pudieran aguardarnos en la carretera. Con un depósito lleno de Unleaded E10, un GPS de competi, una tarjetilla de crédito aún-de-más-competi y una idea fugaz de los sitios que íbamos a ver, nos lanzamos a hacer kilómetros.
Salimos de un atascado Sydney pasando por Woollongong, momento en el que nos desviamos siguiendo los paneles de la carretera hacia la “Pacific Highway”. Resultó ser una increible sucesión de curvas paralelas al mar que pasaba por un montón de pueblos y playas costeros hasta la parte más sudeste del pais.
Dejamos atrás Shell Cove
Kiama
Ulladulla
Tuross Head
Narooma (1ª noche de descanso en un Motor Inn, apartamentaco con peliculón de Bruce incluido)
Tathra, Eden
Mallacota (2ª noche) y Gipsy Point, un lago de película escondido en el bosque al lado de la costa
Kalima, Bairnsdale
…y por fin Melbourne. Realmente disfrutamos conduciendo por esas carreteras interminables, llenas de relieves, curvas y bordeadas por flora y fauna continuamente cambiante (pasamos de estar en el desierto a Escocia, después Castilla la Mancha y otra vez Valencia para adentrarnos en la jungla tras dos curvas más) con el cielo despejado y el sol del atardecer. Si os gusta la carretera y alguna vez os dejáis caer por aquí, no dejéis de hacerlo.
Según aparcamos en Melbourne nos cascaron una multa. Y como el alojamiento resultó ser mucho más caro de lo planeado, decidimos reducir la estancia en la ciudad a 2 días. Sin entrar en mucho detalle, Melbourne es muy bonita, tiene un distrito central de estilo europeo (edificios, comercios, organización de las calles, etc) y diversos parques que la rodean dan el toque australiano al conjunto. No obstante, es bastante pequeña y se queda “corta”… no es que no esté bien, sino que aquí todo el mundo trata de comparar Melbourne con Sydney y es como si en España trataramos de comparar Madrid con, digamos, Zaragoza. Son dimensiones distintas, sin entrar a comparar calidad de vida u otros detalles subjetivos.
Tras patearnos buena parte de la ciudad de arriba a abajo, participar en una improvisada ginkana “busca el mirador en el rascacielos” e intentar colarnos en un festival de cine mexicano (entre otras cosas de menor importancia) salimos escopetados para recorrer la “Great Ocean Road”, otra carretera costera que esta vez recorre el sur de Victoria hasta prácticamente cambiar de estado. En el camino pasamos por Geelong (preciosa ciudad con precioso paseo marítimo donde nos clavaron otra preciosa multa tan solo 10 minutos después de haber aparcado), Apollo Bay
Marengo
Cape Ottoway
Gellibrand (noche de rebote en una habitación encima de un restaurante de película), Lavershill
Port Campbell, Los Doce Apóstoles
… tocamos Warrnambool y vuelta. Del trayecto con destino Canberra (esta vez por freeway en línea más o menos recta) solo destacar un frenazo para evitar atropellar al mayor mal de Australia y una hamburguesa “Gourmet” que nos encontramos por casualidad en medio de la carretera. No era especialmente grande pero estaba muy rica (si no fuese por la estúpida costumbre que tienen en este país de ponerle remolacha y/o piña a las mismas, habría estado cojonuda).
Canberra es todavía más pequeña que Melbourne, aunque da la sensación de ser más extensa. Destacaría que parece estar todavía en construcción, planificada para ser una ciudad completa a unos 50 años vista. Por el momento tiene unas infraestructuras y comunicaciones muy buenas, museos y edificios grandes e importantes, bastante ambiente y movimiento a todas las horas del día y buena parte de la noche… por contra no tiene playa y está llena de canguros.
Y por fin, la noche del sabado posterior al que partimos iniciamos nuestro camino de vuelta a Sydney. Agotados pero encantados con la experiencia y habiendo disfrutado una barbaridad de los 7 días. Ahí quedan casi 3000 km a nuestras espaldas (y culos) y 1´5 canguros como record a superar para el siguiente que tome el relevo.
Sé que todo el mundo está expectante. Después de que ayer que pusiera a parir la nochevieja, la gente estará feliz diciendo: “estos dos no se lo pasan tan bien cómo dicen”.
Pues la cosa la recuerdo así. Nos cortamos el pelo a lo capo-milaneso. Es curioso, irte a australia a que un italiano que te habla en italiano, te corte el pelo, mientras, tú le respondes en español. Pero así es nuestro viaje. Después comer y siesta… ¡qué somos España!
Llenamos la cantimplora con lo básico, toallas, queso manchego [comprado a un italiano], pan, una de vodka, una a medias de vodka, una de ron, una de kahlua, una de cocacola diet [aquí la llaman así], una de cocacola normal, una de leche, una de redburn… La chica de Fiji, Rigodón y el menda. Cogemos el autobús al centro…
El centro cortado, es acojonante. Sydney tiene en el corazón el CBD [Distrito central de negocios] que es donde está todo el meollo de la ciudad. Éste estaba completamente cortado, sin ningún coche y con mucho policia. La gente caminaba libremente por él y es algo que me gustó. Parecía una película. Intentando llegar al Royal Garden a la izquierda del Opera House y enfrente Harbour Bridge [donde lanzan los cohetes]. Vemos que está todo cerrado por verjas. Altavoces que decían dónde no había sitio para ir [que eran todos]. Carteles donde se leía que estaba prohibido meter alcohol dentro de las zonas. Así que nos quedamos en el límite del bien contra el mal.
Vimos muy mal los cohetes de las 9, ya que nos tapaba el rail del monorrail. Pero nos vimos envueltos en fuegos lanzados por todos los edificios del alrededor lo que me flipó. Los reflejos eran acojonantes y la gente estaba maravillada. Ponían en la radio la banda sonora con lo que los cohetes estaban sincronizados. Estaba claro que no era tan mal lugar…
Para las 12 nos fuimos cerca de casa. Hay un mirador con el que puedes ver el puente con toda claridad, aunque ya no está sincronizado con la música por su lejanía, pero teniendo el cargamento de alcohol, ¿quién lo necesita? Mucha gente pero al menos se podía estar tranquilo con tu toalla y cubatas… 12 minutos como ayer expliqué y la gente empezó a desfilar a casa. Yo me intenté colar en una fiesta de la que me invitaron después [a irme] y vuelta a la ciudad a una fiesta de los amigos de la chica de Fiji.
A las 8 estábamos cogiendo el taxi vuelta a casa… ¿no está mal, no?
No sé ustedes, pero yo conzoco un pueblo muy borrico para lanzar cohetes. Se llama Dalías, y la gente se vuelve loca una semana de septiembre. Empiezan a lanzar cochetes como si el alma les fuera en ello.
Supongo que si lo comparamos con otros pueblos, fallas y demás fiestas que hace la gente a lo burro, lo normal es tener cohetes durante al menos unos 15-20 minutos. Nadie se extreña si dura eso, y sí, si duran menos.
Bueno, pues eso en ocurre este gran país. Cosas tan sorprendentes como tener una población de unos 22.6 millones de habitantes en un territorio de 7 millones cuadrados, lo que da una densidad de 2.5 habitantes por kilómetro cuadrado [en España tenemos 92] y aún así he visto pegatinas diciendo que Australia está llena; no tiene nada que ver con el evento de los fuegos de nochevieja.
Todo dios habla de los fuegos, todo dios busca el sitio… dos tandas una para los niños a las 9 que dura unos 16 minutos y la gorda, con cohetes en forma de penes y no apta para niños, a las 12. ¡que dura 12 minutos! ¡12 míseros minutos! Se acabó, todo dios a casa después de los fuegos [muy bonitos eso sí]… me he cronometrado y esos 12 minutos son los que llevo escribiendo esta columna y creo que me sobra medio… En fins, un gran país, señores.
Faltan unas horas para eso de llegar al 2010. Rigodón se ha vuelto un bigordo de los buenos, ya que en menos de 12 horas para el evento en sí, sólo está preocupado en el alcohol que vamos a llevar y cómo lo vamos a guardar. Ninguna cosa importa más.
En Sydney nadie se preocupa de llevar cava para mojar a los demás, no hay plaza de Sol, ni uvas que tomar. El objetivo importante, en esta fecha tan señalada, es encotrar el mejor sitio para ver los fuegos artificiales.
Toda persona a la que hemos preguntado, tiene un sitio donde se ve de fábula los malditos fuegos artificiales, pero se lo preguntas a otro Australiano y te dice que tienes que estar al menos a las 3 de la tarde para coger buen sitio, hay mucha gente y él tiene otro mejor donde lo vio hace años; mira que Sydney es grande. Lo curioso que preguntamos y preguntamos… pero la gente pasa de ir a verlos: “llevo 30 años viendo los jodidos fuegos y este año voy a pasar, pero son preciosos y tenéis que verlos”. Total, nos vamos a comer una bolsa de patatas [energía suficiente para aguantar 2 días], coger unas botellas de kahlua-vodka-leche [no sé qué combinación saldrá de ahí] y creo, que con el pedo que llevaremos, veremos dragones en vez de cohetes y se nos pasará la hora… al final celebraremos el fin de año español, desnudos y bañándonos enfrente del Opera House, para uso y disfrute de los Australianos.
Total, aquí no hay nada mejor que hacer. Por cierto, esta gente es muy organizada. Tengo entendido que llenan la ciudad de servicios móviles, esos de las obras, para que la gente haga sus necesidades donde manda la ley [usease, en el árbol del parque por que el baño móvil apesta y es para los cocainómanos]. Lo curioso es que el otro día había un atasco de pelotas y durante el trayecto te podías encontrar lavabos de estos para hacer tus necesidades… ¡piensan en todo!
¡Feliz año!
Ayer fue el boxing day, primera vez en la vida que celebramos tal festividad y primera vez en la vida que he visto a Tico hacer un gran, Gran, GRAN, GRANDISIMO Jorge. Para quien no lo sepa, hacer un “Jorge” consiste en hacer algo muy sucio para ganar cualquier tipo de competicion, apuesta, juego, etc.
Por un lado está este simpátiquisimo fijiano (hombre de Fiji) que nos ha acogido en su casa ofreciéndonos su hospitalidad, cama, comida, compañía y, por encima de todo cervezas, muchas cervezas. Por otro lado está Tico, feliz y contento porque está de vacaciones, aprendiendo inglés y conociendo gente. Tan solo 4 horas más tarde me encuentro a este último TIRANDO su cerveza en la cocina a escondidas y diciendo cosas como “este tío es una máquina”, “imposible seguirle” o “joder joder joder pilarín”. Media hora más tarde estaba lanzando sus cervezas a la piscina delante de todo el mundo cada vez que el simpatiquísimo fijiano se daba a vuelta.
¡Este no es el Tico con el que me vine de viaje! ¡Me lo han cambiado en alguna parte de Japón por un robot y no me he dado cuenta!
Una cosa que nos hace grandes a los españoles son nuestros deportistas: Gasol, Alonso, Nadal, Xavi, Pocholo…. Pero la que realmente nos hace diferentes y mejores, que un país tan grande como Australia, es nuestra forma de repartir las vacaciones.
Aquí, en Australia, la navidad se reparte en 3 días. Nochebuena [24 diciembre], año nuevo/John Malchovic [31 diciembre] y el boxing day [26 diciembre]. En España tenemos Nochebuena, Año Nuevo y Reyes. ¡Reyes en enero! ¡Eso les flipa! Nuestras navidades duran del 24 de diciembre hasta el 6 de enero. ¡Toma castañas! Tanto país con canguros suicidas, tanto wombat y no tenéis ni idea de cómo se celebran las cosas.
Por cierto, para los seguidores de las columnas documentadas tipo Rigodón, el día de la caja se hace por una cosa que me encanta, por su parte humana, cercana y caritativa. Los gente rica decidía hacer unos tuppers con las sobras de comida del día anterior y dárselo a los pobres como personas de la escala inferior que eran. Para hacer que se sintieran mejor.
Todo esto viene a que nosotros estamos a punto de recibir la Navidad, cenar y dar los regalos del gordo de Noel.
¡Feliz Navidad a todos! ¡Arriba los reyes magos! ¡Pasadlo genial y haced el malo!